Así murió. Tan drástico que ni si quiera fue capaz de pensar que se estaba muriendo.
Al menos así fue como llegó hasta mis oidos. Hoy rememoro su presencia, porque hace muchos años ya que la tia Luisa me lo dijo en el patio de la casa.
Recuerdo que yo era apenas un chiquillo de 11 años, un niño empeñado en hacer mover el balón como Antonio, uno de la escuela, y escuchar entre carrera y carrera de bici, a mi padre tocando la guitarra.
Nací y me crié a la sombra de las casas de Alcázares del puerto, un pueblo pesquero al sur del pais. Mis padres eran de Granada, los dos. Se conocieron como lo hacian las familias antiguas.
Pronto tuvieron que marcharse por la guerra a un lugar donde no te señalaran con sangre los dias contados.
Muchos andaluces emigraron por aquel entonces.
El día trancurrió tranquilo. Me levanté pronto para ir a la escuela, me esperaba Juan y Luisete. Los dos eran hermanos, mellizos. Cuando se hizo la hora de comer, volví a casa. Viviamos en una casa a las afueras del pueblo, de cal blanca y flores de colores.
Yo, por aquel entonces, no me enteraba muy bien de las cosas. Sé por lo que en casa comentaban, que habian dos bandos, uno era militar y al otro no le parecía que iban muy bien las cosas. De todas maneras, siempre trataban de evitar el tema cuando yo estaba cerca.
Continuad vosotros con el desenlace de la historia. A ver que sale de aqui!, yo me voy a estudiar un rato mas. Besos!!